COMO FUE LA ÚLTIMA EJECUCIÓN PÚBLICA EN ESPAÑA

Esta historia la conozco por las clases de derecho de la Universidad de Murcia, siendo un caso que ha de ser analizado tanto por su interés jurídico como por la curiosidad nos lleva a preguntarnos ¿Qué crimen motivó la última ejecución pública en España?
Murcia, año 1893. El matrimonio de Don Tomás Huertas Cascales y Doña Josefa Gomez Pardo regentaba el hospedaje denominado “La Perla Murciana” siendo un matrimonio bien situado, con unos ingresos decentes y con un peso importante en la comunidad vecinal murciana. Por su lado, llamaba la atención en esta historia Doña Josefa, ya que era una joven de 32 años de origen albaceteño a la que denominaban “La Perla” por su belleza.
En ese año llegó a Murcia Don Vicente del Castillo que se hospedó en la Casa. Más pronto que tarde se fijó en los encantos de Josefa, y la requería con frecuencia para mantener una relación amorosa. No podemos saber si la Perla accedió porque ella lo negó siempre, aunque las criadas cuentan que la Señora no ponía obstáculos y el propio Don Vicente asegura que los escarceos existieron.
Cuando a Tomás Huertas, el marido, le llegó el rumor del lío amoroso arrojó de la casa a Vicente de manera violenta. A partir de aquí comienza lo que no podemos asegurar que sucediera, pero son los acontecimientos que se tomaron como hechos ciertos en la sentencia, los cuales motivaron el sentido del fallo.
Se dice que en principio los amantes pretendían huir a Madrid, pero Vicente, tras el bochorno de ser desahuciado quería venganza, por lo que se estima que Josefa y él programaron la muerte de Tomás. Vicente le dio a la Perla una disolución de estricnina, que le había proporcionado un estudiante que conocía bien al farmacéutico; éste pretendía que ella disolviera la solución en una bebida y así matar a Tomás.
Josefa, tardaba mucho en cumplir su parte del plan, (seguramente porque en realidad no quería hacerlo), por lo que Vicente fue al hospedaje y presionó a su amante para que llevara a cabo el crimen. La presión debió surtir efecto porque cuando Tomás volvió su mujer le apremió para tomar un café amargo, y cuando el marido se dirigió a la despensa a por una botella de Ron y endulzarlo, ella aprovechó para verter el contenido de la estricnina en la taza, o quizás el veneno estaba en el Ron, no podemos saberlo. El desventurado marido se bebió medio café, y se dirigió al Teatro para pasar el rato.
La taza fue recogida por una de las criadas, Francisca Grieguez de 13 años, que al ser en aquella época el café una bebida bastante cara decidió aprovechar lo que quedaba, y se bebió el resto del veneno desconociendo lo que le sucedería.
Antes de llegar al teatro, Tomás volvió a casa porque estaba sufriendo unos dolores terribles, cuando llegó la criada estaba igual que él. Llamaron al médico que cuando llegó los encontró  en agonía y asfixiándose, con signos evidentes de haber sido envenenados, y al poco de llegar fallecieron. El doctor dijo en su autopsia que los cadáveres estaban rígidos, siendo imposible mover las articulaciones o abrir la boca de tan fuerte que la tenían encajada, y por ello sospechó que la muerte había sido por estricnina.
Después de los hechos, tanto Josefa como Vicente fueron ajusticiados, debiendo aplazarse el juicio hasta en tres ocasiones siendo finalmente señalado el 20 de noviembre de 1895. En la vista fueron inferidos tres delitos: Uno de parricidio, otro de asesinato, y el tercero de infracción de las leyes sanitarias, con resultado de muerte de dos personas. La sentencia condenó a Josefa a morir públicamente por garrote vil, y a Vicente a cadena perpetua.
A pesar de lo que pudiera parecer, Josefa, la Perla, creó mucha simpatía entre los murcianos, hasta el punto de alzarse revueltas en las calles, así mismo tras la sentencia el gobierno murciano solicitó el indulto en numerosas ocasiones, al Rey, al gobierno central e incluso al Papa; pero el indulto no llegó y se fijó la fecha para llevar a cabo la ejecución en el año 1896.
cerca de 30.000 personas presenciaron cómo Josefa “La Perla” era sometida al garrote vil y su cadáver se expuso 7 horas para que todos pudieran pasar por el patíbulo a verlo y la ciudad entera se vistió de luto cerrando institutos, colegios y muchos comercios. Las ejecuciones públicas en España eran una cuestión pública, y todos querían ver como los condenados expiraban, esa noche las bodegas de la ciudad de agotaron y la ciudad se levantó con una monumental resaca, que gracias a dios sería la última que provocarían estas ejecuciones públicas.
Acababa de tener lugar la última ejecución pública en España.

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